Una nueva conversación con la arquitectura existente
Fecha de publicación: 09.04.2026
Marta Rodríguez Bosch
Reutilizar antes que construir. Avanzar hacia la economía de medios. Densificar sin ocupar más territorio. Aspirar a la adaptabilidad. La ciudad como valioso banco de materiales. Para Nomos Architects el presente y futuro de la arquitectura pasa por todo ello.

Nomos es un estudio de arquitectura con doble sede en Madrid y Ginebra, compuesto por Ophélie Herranz, Pau Galindo, Katrien Vertenten y Lucas Camponovo.
Descarbonizar la arquitectura es tema principal de las conferencias de A@W en Madrid. ¿Hoy, a qué hay que dar prioridad para alcanzar este objetivo?
La prioridad no es tecnológica, sino estratégica. Antes de pensar en nuevos materiales o sistemas, debemos cambiar la forma en que abordamos el proyecto. Descarbonizar pasa, en primer lugar, por reutilizar antes que construir, evitar la demolición y trabajar con lo existente como un recurso. El mayor potencial está en el enorme capital material que ya tenemos construido. La rehabilitación permite conservar el carbono incorporado y reducir el consumo de recursos. La arquitectura debe avanzar hacia una economía de medios, donde hacer más con menos no sea una limitación, sino un motor de proyecto.
El verdadero cambio debe ser cultural: dejar de entender el proyecto como una tabula rasa y empezar a verlo como una conversación con lo existente. La mayor parte de la ciudad está formada por edificios “ordinarios”, sin valor patrimonial reconocido, y es precisamente ahí donde reside el mayor potencial de transformación. Actuar sobre ellos no es solo una cuestión de eficiencia energética, sino una oportunidad para producir arquitectura y dar nuevo sentido a lo existente.


Proponeis transformar las ciudades también a través de reconvertir los espacios arquitectónicos interiores. ¿Cuáles son las estrategias?
Es una forma silenciosa pero muy efectiva de transformar la ciudad sin construir más ciudad. Nos interesa activar espacios infrautilizados, introducir nuevas formas de habitar y trabajar con los espacios intermedios (umbrales, filtros, jardines de invierno) que amplían posibilidades de uso y suavizan la relación entre interior y exterior. Todo ello sin recurrir a grandes gestos. Estos proyectos ponen en valor lo que podríamos llamar arquitectura “ordinaria”. Son intervenciones con impacto directo en la ciudad: permite densificar sin edificar más y reactivan el tejido existente. En este sentido, la transformación del interior es también una forma de proyecto urbano.
En vuestra arquitectura el uso de color tanto en interiores es como exteriores es significativo ¿Con qué propósito lo empleáis?
El color no lo entendemos como una elección estética aislada, sino como herramienta que forma parte del proceso arquitectónico. No se aplica como capa añadida. Surge del propio sistema constructivo o bien de la lógica del proyecto. Nos interesa su capacidad para hacer legible el espacio, relacionar elementos y modificar la percepción, pero también para introducir una dimensión material y sensible, vinculada al proceso de construcción.


Edificio Dr. Prévost en Ginebra. Con una base de cerámica azul en zonas comunes, se busca ampliar la percepción del espacio. La escalera roja como contrapunto, ayuda a articular los recorridos.
¿Cuáles son los materiales y sistemas indiscutibles para la arquitectura del siglo XXI?
No creemos que existan materiales universales, sino materiales adecuados a cada contexto, entendidos como parte de un sistema. El futuro de la arquitectura no depende tanto de inventar nuevos materiales como de usar mejor los que ya tenemos. Nos interesan especialmente los locales, con baja energía incorporada y, siempre que sea posible, reutilizados.
La arquitectura hoy, ¿debería ser concebida totalmente reversible?
Más que reversible, deberíamos aspirar a una arquitectura adaptable, capaz de evolucionar en el tiempo. Espacios no completamente definidos, que admitan distintos usos y transformaciones sin necesidad de grandes intervenciones. La reversibilidad es una herramienta útil porque facilita transformaciones futuras, alarga la vida útil de los edificios y reduce residuos. Sin embargo, no todo puede ni debe ser reversible. Nos interesa más pensar la arquitectura como un soporte abierto, que pueda absorber cambios. El objetivo no es tanto desmontar, sino evitar que sea necesario demoler.


Proyecto Kaya, en Burkina Faso. Tierra, piedra local, técnicas constructivas simples y mano de obra local. Arquitectura capaz de responder al clima, los recursos disponibles y el contexto social.
Actualmente, ¿cuáles son los “enemigos” que impiden avanzar en sostenibilidad?
El principal enemigo no es técnico, sino cultural: seguimos pensando que construir de nuevo es lo mejor. A esto se suman otros factores como la cultura de la demolición, normativas poco adaptadas a la rehabilitación, un modelo económico centrado en la obra nueva y una excesiva dependencia de soluciones tecnológicas en lugar de estrategias pasivas. Diseñamos edificios como objetos terminados, cuando en realidad son procesos que evolucionan. La sostenibilidad no se decide en el momento de construir, sino en cómo el edificio es capaz de durar, adaptarse y evitar ser reemplazado.
En este contexto, resulta fundamental empezar a entender la ciudad no solo como un conjunto de edificios, sino como un banco de materiales. Cada proceso de transformación urbana moviliza grandes cantidades de recursos que, en lugar de reintroducirse en nuevos ciclos de uso, se convierten en residuos. En el fondo, el problema es que todavía no entendemos lo existente como un recurso. Sin embargo, la ciudad ya contiene en sí misma gran parte de la solución.


Proyecto La Nave, Madrid. Parte de un espacio industrial existente para convertirlo en vivienda, reprogramando su uso sin alterar la estructura urbana.
Todas las imágenes: © Nomos Architects