Rehabilitación de un antiguo molino: un renacimiento patrimonial y ecológico
Fecha de publicación: 03.09.2026
Esta es una traducción revisada del texto original de Sipane Hoh
A lo largo de las décadas, el molino de Pont Farbel, situado a orillas de un río en el cantón de Vaud (Suiza), se ha alzado como un silencioso testigo del pasado industrial. Su arquitectura, marcada por la sencillez y la solidez de un saber hacer ancestral, esperaba un resurgimiento que respetara sus raíces.

El proyecto de rehabilitación fue encargado a Laurent de Wurstemberger (LDW architectes), quien lo llevó a cabo en colaboración con Dreier Frenzel Architecture, responsable de la dirección de obra. La empresa EYAB asumió la gestión de la construcción general. El objetivo era transformar este edificio histórico en un conjunto de seis viviendas, donde cada detalle reflejara un enfoque sensible tanto desde el punto de vista patrimonial como ecológico y estético.

La intervención comenzó con un profundo análisis de la volumetría original, durante mucho tiempo oculta bajo estratos heterogéneos resultantes de sucesivas ampliaciones. La intención era clara: recuperar el alma del edificio y revelar sus formas primitivas. El proceso consistió en eliminar las capas superfluas, despojar al volumen de añadidos innecesarios y devolverle su esencia original. La fachada, construida con piedra local, conserva las huellas del paso del tiempo, mientras que el interior se abre a un nuevo destino, más adecuado y prometedor.
Rodeado por un extenso parque paisajístico de carácter silvestre compuesto por especies autóctonas, el molino establece un diálogo armonioso con su entorno. La vegetación, seleccionada por su resiliencia y belleza natural, contribuye tanto a la preservación del paisaje como a una estrategia ecológica. La naturaleza circundante se convierte así en un espacio de bienestar y también en un lugar de encuentro para los residentes.
El proyecto incorpora además un elemento exterior fundamental: una escalera cubierta situada junto al río, que proporciona una circulación suave y sombreada hacia las plantas superiores. Este espacio singular, que combina memoria colectiva y lenguaje contemporáneo, se convierte en un lugar de convivencia, un punto de encuentro donde conversar, contemplar el paisaje o simplemente reconectarse con la naturaleza.
Las viviendas, de concepción sencilla, están orientadas de manera precisa según tres ejes para maximizar la entrada de luz natural, la ventilación cruzada y las vistas. En la planta baja y en el primer piso, amplias terrazas privadas establecen una relación íntima con el exterior, invitando a la contemplación y al descanso. Por su parte, los espacios bajo cubierta, más generosos en volumen, aprovechan la amplitud del tejado y permiten apreciar la majestuosidad de la estructura de madera, conservada y reforzada para garantizar la seguridad sin comprometer la autenticidad del conjunto.

El proyecto se desarrolla bajo una lógica de reutilización y reciclaje, priorizando materiales naturales, la durabilidad y la integración paisajística. La cubierta, conservada en su estado original, ha sido objeto de refuerzos puntuales para garantizar su estabilidad estructural. Las vigas, cuidadosamente desmontadas, se reutilizaron en algunos forjados, terrazas y elementos de urbanización exterior. La recuperación de antiguas puertas procedentes de una obra en Estavayer-le-Lac aporta a los espacios una pátina histórica y un carácter cargado de memoria. Así mismo, las losas de travertino recuperadas de la demolición del hotel Kempinski de Ginebra se incorporaron al pavimento de las terrazas, aportando autenticidad y nobleza al conjunto.

Los materiales naturales y en estado bruto constituyen el hilo conductor de esta renovación. Los muros portantes centrales, construidos con bloques de tierra comprimida, contribuyen a la regulación natural de la humedad, creando un ambiente interior saludable y confortable. Los revestimientos de arcilla aplicados en las particiones interiores refuerzan esta capacidad reguladora y aportan una textura cálida a los espacios.
El aislamiento del antiguo muro perimetral mediante un revoco aislante de cal y corcho combina tradición y modernidad para lograr un óptimo rendimiento térmico. Las cocinas, realizadas en abeto local tratado con aceites naturales, favorecen tanto la durabilidad de los materiales como el bienestar de los habitantes.
Cada elemento fue estudiado y seleccionado cuidadosamente para reducir el impacto ambiental y, al mismo tiempo, ofrecer un elevado confort térmico e higrométrico. Cabe destacar que la gran inercia térmica del edificio permite limitar el consumo energético, haciendo que cada vivienda sea más autónoma y respetuosa con el medio ambiente.
El confort contemporáneo se combina de manera inteligente con los principios de la arquitectura vernácula, dando lugar a un resultado excepcional. De hecho, el proyecto trasciende la mera conservación patrimonial para convertirse en una auténtica obra de renovación: una simbiosis entre pasado y presente, entre tradición e innovación.
Este gesto arquitectónico, tan sensible como refinado, ofrece a sus usuarios un hábitat respetuoso con el entorno, impregnado de una sutil poesía donde cada elemento cuenta una historia. La rehabilitación del molino se convierte así en una oda a la memoria colectiva, un ejemplo de sostenibilidad y respeto por el patrimonio, al tiempo que responde a los desafíos contemporáneos relacionados con el confort, la ecología y la calidad de vida.
Cabe recordar que esta realización fue preseleccionada para el Premio del Jurado Estudiantil de la Sociedad Suiza de Ingenieros y Arquitectos (SIA). Constituye un valioso ejemplo que responde brillantemente al tema «Transformación: reinventar lo existente», eje de la próxima edición de ARCHITECT@WORK Suiza francófona, que se celebrará en Beaulieu Lausanne los días 30 de septiembre y 1 de octubre de 2026.
Todas las imágenes: @ Brian Scott Adkins