Arquitectura comunitaria
Fecha de publicación: 09.04.2026
Esta es una traducción revisada del texto original de Anna Domin
Hasta hace poco, la arquitectura institucional se trataba principalmente como una infraestructura destinada a cumplir funciones específicas. Surgían espacios correctos, pero desprovistos de ambición. A veces ocurría lo contrario: los edificios se convertían en manifiestos de su época y de las aspiraciones del Estado. Sin embargo, en ambos enfoques se dejaba de lado lo más importante: la experiencia cotidiana de los usuarios. Solo ahora aparece con mayor claridad una tercera perspectiva, en la que la arquitectura se entiende como un espacio de relaciones que no solo organiza funciones, sino que también construye comunidad.

El estudio de Varsovia Projekt Praga demuestra desde hace años que las residencias estudiantiles, las facultades universitarias u otros edificios públicos pueden ser algo más que la mera estructura de un programa funcional. En sus proyectos, lo más importante es la persona, su experiencia diaria del espacio y las relaciones que la arquitectura puede apoyar.
Un ejemplo símbolo de este cambio es la Residencia de Estudiantes n.º 7 de la Universidad de Varsovia, un edificio que rápidamente se convirtió en una de las residencias estudiantiles nuevas más interesantes de Polonia, ganando numerosos premios de arquitectura y el reconocimiento del sector. Un enfoque similar aplicaron los arquitectos en su segundo proyecto realizado para la Universidad de Varsovia: el nuevo edificio de la Facultad de Psicología en el campus de Ochota.
“Creo que esto ha cambiado mucho, pero fue un proceso, una evolución. Con cada nueva inversión pública crece la conciencia de las instituciones. Ya sea una escuela o una oficina pública, la observación de lo que ocurre a nuestro alrededor, una mayor conciencia de las propias necesidades y el hecho de que se pueden tener expectativas respecto al espacio. Antes se miraba sobre todo la función y la optimización. Había un programa funcional simple y un presupuesto determinado. Hoy el briefing del cliente tiene en cuenta no solo la función, sino también las necesidades de los usuarios, desarrolladas en diálogo con ellos”, comenta Karolina Tunajek.
“También ha cambiado la forma de utilizar los edificios y los espacios. Hay una mayor orientación hacia que el espacio proporcione confort y favorezca el bienestar”, añade Marcin Garbacki.


Al diseñar la nueva residencia estudiantil para la Universidad de Varsovia, los arquitectos quisieron alejarse del esquema del dormitorio anónimo con un corredor y una serie de puertas idénticas. En su lugar, diseñaron un edificio donde los espacios comunes juegan un papel clave: lugares de encuentro, conversación y vida cotidiana.
“Para nosotros, lo más importante era la comunidad. Cada edificio de este tipo, ya sea una residencia estudiantil o la Facultad de Psicología, constituye una especie de comunidad que posee su propia identidad grupal. Crear adecuadamente un espacio para esa comunidad favorece las relaciones que la construyen”, apunta Marcin.
“Estos espacios comunes realmente ocupan mucho lugar y tienen en estos edificios una tipología bastante rica. Por ejemplo, en el edificio de la Facultad de Psicología hay lugares de encuentro más ruidosos y abiertos, donde pueden reunirse más personas, sentarse en el vestíbulo con vistas al área verde. También se diseñaron espacios abiertos de encuentro y lugares más íntimos para el trabajo individual. La diversidad de estos espacios responde a las necesidades de los usuarios y apoya su funcionamiento cotidiano”, precisa Karolina.


Esta idea de comunidad no se deriva únicamente del programa funcional del edificio, sino también de decisiones de diseño muy conscientes. Una de ellas fue la atención a la durabilidad y calidad de los materiales utilizados.
“La universidad, que posee un amplio patrimonio inmobiliario, entiende perfectamente los costos de su mantenimiento. Por eso hablamos mucho sobre cómo encontrar una solución que entrara en el presupuesto y que al mismo tiempo no requiriera reparaciones constantes. De ahí el uso frecuente de materiales expuestos, como el hormigón arquitectónico, que constituye el acabado final de las paredes y es resistente al uso intensivo”, explica Karolina.
Los arquitectos recurrieron conscientemente a materiales duraderos, simples y que envejecen bien. En los espacios comunes se utilizaron, entre otros, azulejos, económicos pero nobles y resistentes al desgaste. En la residencia, la repetición de elementos también era importante para facilitar las futuras reparaciones. Los diseñadores subrayan que la calidad de la arquitectura no depende solo del material, sino también del modo de proyectar y de pensar en los usuarios. Era clave adaptar los edificios a distintas necesidades, no solo formalmente, sino mediante soluciones que facilitaran la orientación, redujeran estímulos y apoyaran el confort en el uso diario.
“Tanto la inclusividad como las soluciones de eficiencia energética estaban incluidas en las bases del concurso, pero tratamos de desarrollarlas creativamente e introducirlas en muchos niveles del proyecto. La accesibilidad se trabajó más allá de los requisitos formales, en colaboración con la oficina para personas con discapacidad de la Universidad de Varsovia”, añade Marcin.


Igualmente importante fue la estructura espacial del edificio. Tanto en la Facultad de Psicología como en la residencia, el usuario sabe intuitivamente, al entrar, dónde se encuentra y hacia dónde debe dirigirse. Una circulación legible, una recepción visible y los paneles con el plano del edificio ayudan a evitar la sensación de desorientación y hacen que el espacio sea más acogedor desde el principio.
“Las decisiones de diseño desempeñan un papel importante en ambos edificios: la paleta de colores, la luz y la acústica. Allí donde se requiere concentración, aparecen colores más tranquilos y la posibilidad de oscurecer el espacio; en los lugares más orientados a la integración, acentos más vivos. También prestamos atención a los detalles del uso diario. En ambos edificios evitamos los taburetes altos y las mesas elevadas, y en las cocinas diseñamos partes de las encimeras a menor altura para que también puedan utilizarlas personas en silla de ruedas”, comenta Karolina.
Un aspecto importante de ambos proyectos fue la relación de los edificios con su entorno. Los arquitectos subrayan que los campus universitarios contemporáneos funcionan cada vez menos como enclaves cerrados y aislados. Y cada vez más se convierten en parte del tejido urbano, sirviendo no solo a estudiantes y empleados de la universidad, sino también a los residentes del barrio.


“La Universidad de Varsovia reflexiona de manera muy consciente sobre su presencia en la ciudad. Los campus no deben ser islas separadas del entorno, por lo que intentamos diseñar edificios que se relacionen de forma natural con el espacio público”, afirma Karolina Tunajek.
Gracias a soluciones como estas, la arquitectura universitaria deja de ser únicamente infraestructura académica. Se convierte en parte de la vida cotidiana de la ciudad: un espacio de relaciones, encuentros, trabajo y descanso, del que no solo disfrutan los estudiantes.