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Espacio sensorial para el aprendizaje

Fecha de publicación: 25.11.2025

Marta Rodríguez Bosch

El edificio del nuevo Montessori en Paterna, Valencia, proyectado por el estudio Gradolí & Sanz Arquitectes, se considera el primer material didáctico de la escuela.

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Mariela Apollonio

Los arquitectos alinean su proyecto con la esencia del método Montessori.

“La inteligencia de los niños está en sus manos” afirmaba Maria Montessori. Y lo decía en sentido literal. Para ella el tacto y la experiencia sensorial directa son principales. El método de esta excepcional educadora, pedagoga y psiquiatra italiana (fue la primera mujer médico en su país), sigue ejerciendo gran influencia en la pedagogía actual más allá de los centros que llevan su nombre.

En el nuevo Colegio Imagine Montessori en Paterna, Valencia -proyectado por los arquitectos Arturo Sanz, Carmel Gradolí y Fran López, del estudio Gradolí & Sanz- queda bien reflejado su proyecto pedagógico. Es una arquitectura edificada con uso masivo de materiales naturales, principalmente madera y barro cocido, donde se exploran las texturas y la autenticidad de sus cualidades táctiles. Una elección matérica que hoy supone, también, abogar por una menor huella ecológica y mayor sostenibilidad constructiva.

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Mariela Apollonio

Se ha empleado madera en la estructura, en el panel de cubierta y en la carpintería.

Las distintas aulas, salas, distribuidores y zonas de tránsito, presentan diferentes cualidades espaciales: amplios techados abovedados, triples alturas o arcos a escala infantil en los muros que indican puntos de entrada a dependencias. Las vistas y la luz natural son esenciales en el proyecto. Los arquitectos han orientado todas las aulas, dispuesta en abanico, hacia el bosque de pinos contiguo y desde cualquier estancia se establece una conexión visual con la naturaleza. Puesto que, además, no existe una focalización fija hacia una mesa de profesor y pizarra fija en las aulas Montessori. Así mismo, cada clase dispone de una terraza cubierta, un pequeño anfiteatro, una fuente y un árbol de hoja caduca que pauta de forma natural el paso de las estaciones.

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Mariela Apollonio

El edificio dispone de cubierta verde. La valla perimetral se ha ideado para que la vegetación la cubra y proteja del sol y la lluvia.

“El proyecto crece como un organismo -explican los arquitectos-, cada célula adquiere su forma según sus necesidades para después agruparse y relacionarse con las otras células. Una vez dispuestas las aulas en abanico, el espacio de relación que las une no es solo un lugar funcional de paso, sino que, con sus ensanchamientos, sus rincones y sus balcones y pasarelas sobre el patio exterior se convierte en un espacio de reunión, de trabajo y de juego. Un ágora volcada al exterior pone punto final a este recorrido de espacios de relación”.

El proyecto aborda distintas escalas. Y la infantil cobra relevancia, de modo que los arquitectos generan altillos sobre los aseos, lugares bajo rellanos de escalera o junto a ventanas a ras de suelo. “Son espacios no accesibles por su reducida altura para los adultos y que se convierten en reducto y santuario de ese estado que llamamos infancia”, indican.

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Mariela Apollonio

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Mariela Apollonio

Todas las aulas y espacios se orientan hacia el exterior y la naturaleza.

La variedad de experiencias y percepciones que propicia esta arquitectura enlaza coherente con el concepto de “mente absorbente” que acuñó María Montessori: esa capacidad en la infancia para captar e integrar lo que sucede a su alrededor, primero de modo inconsciente y luego consciente. Niños y niñas se nutren e incorporan los estímulos sensoriales de su entorno y absorben el ambiente. Según Montessori, encarnan lo que viven. De ahí la relevancia del diseño, en todas sus dimensiones, para definir la escuela.

La distribución de las aulas se alinea con el método Montessori, organizadas en cinco áreas: sensorial, vida práctica, lenguaje, matemáticas y estudios culturales. A fin de ganar en iluminación natural y ventilación se han diseñado unos espacios verticales a triple altura. Los arquitectos los denominan “captadores solares”. Ubicados en posición central aportan espacio adicional y una conexión visual transversal entre aulas. El conjunto de la edificación traza una planta en S, generando dos zonas exteriores con cualidades y orientaciones diversas: una plaza de acceso al oeste y un patio de juegos al este, a fin de proveer mayor flexibilidad.

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Mariela Apollonio

El alumnado accede a la escuela cruzando un bosque de pinos, por pasarelas de madera elevadas.

Una de las primeras decisiones que debieron tomar Gradolí &Sanz Arquitectes fue el punto por donde se efectuaría la entrada al edificio de la escuela. Evitaron situarla en el vial que conecta con la ciudad para prevenir colapsos de tráfico. Y establecieron la entrada desde el barranco de En Dolça, que les permitía acondicionar una zona de aparcamiento al otro lado del barranco. Esto ha desembocado en que el alumnado de Imagine Montessori llegue cada día hasta las aulas a través de unas pasarelas de madera elevadas del suelo entre copas de pinos, que salvan el barranco y les ofrecen nuevas perspectivas.

“El barranco -apuntan los autores- se incorpora al proyecto, reconociendo su papel como elemento natural vertebrador del territorio. Los niños acceden cruzando el bosque de pinos. No desaparecen detrás de una cancela, hay una transición y un recorrido de preparación para llegar al colegio… y la ciudad queda atrás”.

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Gradolí & Sanz Arquitectes

Plano del Colegio Imagine Montessori y su acceso.

El proyecto de paisajismo en las zonas ajardinadas y los patios de juegos de la escuela, apuesta por mantenerlos o diseñarlos como espacios naturalizados: “troncos, raíces, ramas, hojas secas, espárragos en primavera y setas en otoño son sus componentes. No son espacios asépticos. Nada de césped, y mucho menos césped artificial. Se trata de que los alumnos interactúen con la naturaleza, no de crear un decorado verde”, especifican los arquitectos. En esta escuela no existen pistas deportivas, ni campos de futbol, con la voluntad de crear espacios de relación tranquilos e igualitarios entre géneros.

“Los desniveles -relatan- se aprovechan para generar rampas, toboganes, escaleras y muros de escalada, balcones y pasarelas, refugios y cuevas… y cuando llueve, cuando llueve de verdad, ver pasar el agua tumultuosa por el barranco”. En el Imagine Montessori la experiencia en la naturaleza es también un gran aprendizaje escolar y de vida.

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