Comprender el edificio
Fecha de publicación: 12.03.2026
Esta es una traducción revisada del texto original escrito por Barbara Jahn
El ingeniero climático alemán Matthias Schuler es muy solicitado por arquitectos, tanto a nivel nacional como internacional. Logra optimizar el balance energético de un edificio desde el interior utilizando métodos que, alejados de los sistemas clásicos de climatización, conducen a resultados sorprendentes. Muy esperado como ponente en la ARCHITECT@WORK Múnich 2026, tenemos la oportunidad de conocerlo previamente en esta entrevista.

Matthias Schuler es el fundador de Transsolar y trabaja desde hace muchos años en estrecha colaboración con grandes y prestigiosos estudios de arquitectura para optimizar energéticamente los edificios de la mejor manera posible.
Usted es ingeniero mecánico y llegó más tarde al sector de la construcción. No es ningún secreto que le gusta buscar soluciones más allá de los enfoques convencionales. ¿Cómo surgió la creación de Transsolar?
En mi primer empleo como ingeniero mecánico con especialidad en termodinámica en la Universidad de Stuttgart, tuve el privilegio de representar, junto con el arquitecto Günter Löhnert, al Ministerio Alemán de Investigación en un proyecto internacional de la IEA (International Energy Agency) sobre “passive and hybrid solar commercial buildings”, en el que se estudiaron 66 edificios de 13 países. Allí aprendí, durante cinco años, cómo evalúan los arquitectos los edificios —no solo mediante cifras, como hacemos los ingenieros, sino mediante imágenes— y comprendí que los mejores proyectos surgen cuando arquitectos e ingenieros trabajan juntos desde el primer día.
Identificó muy pronto que la arquitectura necesitaba aportes analíticos y diagnósticos. ¿Cuál fue la misión concreta que se propuso con su empresa?
A partir de los resultados del proyecto de investigación, quedó claro que en las universidades ya existían métodos de evaluación que aún no habían llegado al mundo de la planificación y que podían ayudar a asesorar a los arquitectos de manera holística. Eso era exactamente lo que queríamos hacer: ayudar a construir mejores edificios. Y en mi primer concurso tuve una experiencia clave: Fritz Auer y Carlo Weber escucharon al “joven novato” que era yo, y después de mis recomendaciones empezaron el proyecto desde cero.




Rascacielos de Deutsche Post en Bonn.
Usted se define como “ingeniero climático”. ¿Qué significa exactamente?
Somos responsables del clima interior del edificio, garantizando un confort óptimo para los usuarios con el menor esfuerzo operativo posible. Somos un miembro adicional del equipo de planificación, responsables de encontrar soluciones integrales, comunicándonos con todas las disciplinas y entrelazándolas. El resultado son diseños funcionales e inversiones menores en tecnología, ya que el propio edificio aporta mucho a lograr un buen clima interior y un bajo consumo energético.
Usted dijo una vez: “Los arquitectos piensan en imágenes, nosotros en cifras”. ¿Dónde está el punto de conexión en el que ambos mundos se integran y logran un lenguaje común?
La intención compartida de proyectar y construir algo mejor es el punto de partida. Cuando los arquitectos comprenden que no estamos imponiendo nada, sino que derivamos potenciales a partir de las condiciones locales -clima, suelo, entorno, primeras ideas arquitectónicas; lo que llamamos identidad local - y que a partir de ello generamos sugerencias de diseño, entonces se rompe el hielo. Con Helmut Jahn este proceso llevó muchos años - ya era un arquitecto estrella cuando lo conocimos para el aeropuerto de Bangkok - pero la Posttower de Bonn fue finalmente el resultado de ese lenguaje común.


El Zollverein en Essen.
¿Cuán compatibles son para usted la tecnología moderna y la estética? ¿Hay límites donde la belleza debe ceder ante la función?
Mi colaboración con el estudio japonés SANAA - Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa - es el ejemplo perfecto. Para ellos, la estética arquitectónica tiene la máxima prioridad y todo debe supeditarse a ella. Pero precisamente esa actitud nos ha llevado una y otra vez a nuevas soluciones. ¿Cómo construir un muro de hormigón con el mínimo espesor posible a pesar de las normativas alemanas de aislamiento? Eso condujo al aislamiento térmico activo en la escuela de diseño Zollverein, donde utilizamos la identidad local - el agua de mina a casi 40 grados, procedente de 1.000 metros de profundidad - para templar la fachada sin aislamiento como si lo tuviera. Esta construcción monolítica con serpentines integrados ahorró unos 1,5 millones de euros, mientras que la conexión al agua de mina tuvo un coste únicamente de medio millón. Con la energía generada, otros edificios pudieron conectarse a esta fuente de calor neutra en CO₂.
Sus proyectos se encuentran repartidos por todo el mundo. ¿Observa grandes diferencias entre continentes en cuanto a la comprensión de la necesidad de actuar?
Sí, las diferencias son grandes. Mientras que en Europa el impulso hacia conceptos con menos tecnología y menor demanda energética surge por responsabilidad moral tras Los límites del crecimiento (1972) y el Acuerdo de París (2015), en Estados Unidos la mayoría de los promotores siguen - y hoy nuevamente con más fuerza - priorizando la rentabilidad. Si nuestros conceptos reducen los sistemas y los costes operativos mediante un buen aprovechamiento energético, son bien recibidos. Pero los sobrecostes para reducir la huella de CO₂ casi no se pueden vender, especialmente ahora que incluso los bancos están abandonando sus fondos climáticos. Sin mencionar la negación del gobierno en Washington sobre el cambio climático antropogénico, que solo me provoca incredulidad como ingeniero y científico.


Louvre Abu Dhabi.
Trabaja con modelos de gemelos climáticos. Al mismo tiempo, las previsiones climáticas cambian constantemente. ¿Es realmente posible construir para varias décadas —quizás un siglo— o deberíamos pensar en la arquitectura más a corto plazo, aunque eso sea menos sostenible?
Si observamos edificios industriales de 100 años en Berlín que funcionaban solo con ventilación natural y calefacción, y que en el futuro necesitarán refrigeración cuando los veranos superen los 40°C y las noches tropicales aumenten a 80–90 por año, debemos aprovechar su masa térmica para amortiguar picos de calor. Nuestros modelos permiten simular este comportamiento con los datos climáticos futuros del Servicio Meteorológico Alemán. Debemos pensar a largo plazo: cada obra implica emisiones de CO₂, y esta inversión debe servir durante muchas décadas, especialmente porque la energía operativa será cada vez más neutra en CO₂. Dinamarca ya exige que la huella de CO₂ de un nuevo edificio, incluyendo construcción, 60 años de uso y demolición, no supere los 12 kg/m²/año.
Si pudiera decidirlo todo, ¿cuál sería su enfoque integral para una arquitectura eficiente? ¿Cómo lo abordaría?
La arquitectura eficiente debería, en primer lugar, reforzar los edificios existentes y densificar los barrios, aunque estos edificios no alcancen el estándar energético de un nuevo edificio. El CO₂ invertido en una nueva construcción - la estructura representa casi el 60% de su huella total - difícilmente puede compensarse durante la operación, especialmente si nuestras fuentes energéticas se vuelven cada vez más renovables y neutras en CO₂. Reducir las pérdidas térmicas sigue siendo fundamental, incluso si hoy sabemos que el problema del futuro no es la energía, sino las emisiones de CO₂. Lo que emitamos en los próximos años determinará si el clima mundial supera un punto de inflexión irreversible.